Xabier Uriagereka
Durante años, Environment, Health & Safety (EHS) y Product Compliance han sido ámbitos relevantes pero secundarios dentro de las organizaciones. Funciones necesarias, sí, pero habitualmente gestionadas desde departamentos técnicos, con escasa conexión con la toma de decisiones estratégicas. Cumplir era importante, pero no determinante. Ese equilibrio cambia de forma definitiva en 2026.
No porque aparezca una única norma disruptiva, sino porque el conjunto de cambios regulatorios consolida un nuevo modelo de cumplimiento. Un modelo en el que la seguridad, la salud laboral, la sostenibilidad y la conformidad del producto dejan de evaluarse de forma aislada y pasan a entenderse como un sistema único, trazable y auditable. En este nuevo marco de EHS y Product Compliance en 2026, cumplir ya no es suficiente: hay que demostrar de forma continua y consistente que se cumple.
El fin del modelo fragmentado
Muchas organizaciones siguen operando bajo un enfoque heredado. La prevención de riesgos se gestiona como una obligación interna; la sostenibilidad como un ejercicio de reporting; el cumplimiento del producto como una función técnica ligada a calidad, legal o ingeniería. Cada ámbito genera su propia documentación, sus propios indicadores y su propio relato.
Durante años, este modelo ha sido suficiente. A partir de 2026, deja de serlo.
Las nuevas exigencias regulatorias no analizan áreas aisladas, sino la coherencia del conjunto. Personas, procesos, producto y datos pasan a evaluarse de forma integrada. Cuando esa información no está conectada, el problema ya no es operativo. Es estratégico.
Qué cambia realmente a partir de 2026
El endurecimiento progresivo del marco normativo introduce exigencias que afectan directamente a la forma de operar de las empresas y a la manera en que gestionan el cumplimiento. Entre los cambios más relevantes destacan:
- Evaluaciones de riesgos cada vez más individualizadas, incorporando variables como edad, género, condiciones especiales o nuevos riesgos asociados al teletrabajo, la digitalización y el cambio climático.
- Refuerzo de la vigilancia de la salud y evaluación obligatoria de los riesgos psicosociales, con independencia del tamaño de la organización.
- Exigencia de trazabilidad digital real frente a inspecciones y auditorías: ya no basta con disponer de documentación, es necesario demostrar coherencia, actualización y control sistemático.
- Obligación de publicar la huella de carbono y de definir planes de reducción de emisiones, vinculando directamente sostenibilidad y acceso al mercado.
Estos cambios no se suman de forma aislada. Se superponen. Y es en esa superposición donde EHS y Product Compliance dejan de poder gestionarse como disciplinas independientes.
Cuando EHS y Product Compliance se convierten en el mismo problema
En el nuevo escenario, un fallo en la gestión de la seguridad y la salud ya no se queda en el ámbito preventivo. Impacta en la trazabilidad del producto, en la credibilidad del dato ambiental y en la capacidad de la empresa para justificar su cumplimiento ante clientes, administraciones y socios.
Del mismo modo, un producto cuya sostenibilidad no puede acreditarse con datos operativos fiables deja de ser viable en determinados mercados, licitaciones o cadenas de suministro. No importa que el diseño sea correcto o que el proceso esté documentado si la evidencia no es defendible.
Este es el verdadero punto de inflexión de EHS y Product Compliance en 2026: cualquier incoherencia entre prevención, producto y dato se traduce en un riesgo directo para la organización y para su dirección.
El límite de los modelos actuales
Muchas empresas siguen apoyándose en herramientas y procesos pensados para otro contexto. Documentación dispersa, hojas de cálculo, repositorios no conectados y controles manuales pueden servir para gestionar el día a día, pero no para sostener el nivel de exigencia que viene.
El problema no es la eficiencia. Cuando el cumplimiento depende de sistemas fragmentados, la empresa no controla el riesgo; simplemente confía en no ser inspeccionada. En 2026, esa deja de ser una estrategia válida.
La respuesta instintiva a este nuevo escenario suele ser añadir más procedimientos, más controles y más carga administrativa. Ese enfoque incrementa la complejidad, pero no resuelve el problema de fondo.
El verdadero reto es arquitectónico: disponer de sistemas capaces de conectar personas, procesos y producto, generando datos únicos, coherentes y gobernados. Solo desde esa integración es posible pasar de un cumplimiento reactivo, basado en recopilar evidencias a posteriori, a un modelo preventivo, donde la evidencia se genera como parte natural de la operación.
Anticiparse o asumir el coste
En 2026, la diferencia entre las organizaciones que controlan el cumplimiento y las que lo sufren no estará en el conocimiento de la norma, sino en cómo han preparado sus sistemas para sostenerla.
Las empresas que mantengan modelos fragmentados asumirán mayores riesgos: sanciones, bloqueos de comercialización, pérdida de contratos estratégicos y exposición reputacional. Las que integren EHS y Product Compliance como un sistema único de control y trazabilidad operarán con ventaja.
Porque en el nuevo escenario, el dato es la auditoría. Y entender el impacto de EHS y Product Compliance en 2026 ya no es una cuestión técnica, sino una decisión estratégica que condiciona la capacidad de la empresa para operar, competir y crecer.


